Mire, les voy a ser honesto. Cuando empecé a ver los primeros reportes de Ketasma hace unos tres años, pensé que era otro suplemento más con promesas infladas. Llevo 22 años en reumatología y he visto de todo: desde el aceite de serpiente hasta el colágeno hidrolizado que prometía rejuvenecer rodillas. Pero algo me llamó la atención con este compuesto. No era un suplemento alimenticio común—estaba registrado como dispositivo médico, lo cual implica controles de calidad más estrictos y, en teoría, evidencia más sólida.