Mire, voy a ser directo con usted. La aspirina es probablemente el fármaco más estudiado en la historia de la medicina, pero también uno de los más malentendidos por el público general. He pasado veintitrés años viendo pacientes que la toman sin saber realmente por qué, o peor aún, que la dejan de tomar por miedo a sangrados sin entender el balance riesgo-beneficio. La semana pasada me llegó un señor de 67 años, llamémosle don Roberto, con un infarto silente en el ECG.