Mire, le voy a ser honesto. Cuando empecé mi residencia en reumatología a principios de los 2000, el Benemid era ese fármaco del que todos hablaban pero nadie quería usar. “Demasiado complicado”, decían los attendings. “Requiere mucha hidratación, muchos ajustes, y si el paciente tiene piedras… Dios nos libre”. Y tenían razón, en parte. Pero también es cierto que cuando uno entiende cómo funciona realmente este medicamento, se convierte en una herramienta extraordinaria para esos pacientes con gota que no responden a alopurinol o que tienen contraindicaciones para los inhibidores de la xantina oxidasa.