El carbonato de calcio es, sin duda, uno de los suplementos más prescritos y, paradójicamente, uno de los peor entendidos en la práctica clínica diaria. No es un compuesto exótico ni un descubrimiento de laboratorio reciente; es la roca que forma montañas, el caparazón de los moluscos y, en su forma purificada, una herramienta terapéutica fundamental para la salud ósea y metabólica. Como médico internista con más de quince años de práctica, he visto a cientos de pacientes llegar a mi consulta con frascos de carbonato de calcio comprados por su cuenta, a menudo sin entender que no están tomando un simple “alimento” sino un fármaco con reglas de uso muy específicas.