Mire, cuando empecé a ver pacientes con neuropatía periférica refractaria hace unos quince años, me di cuenta de que algo faltaba en nuestro arsenal terapéutico. Los antidepresivos tricíclicos funcionaban, sí, pero los efectos anticolinérgicos eran un problema constante. Los gabapentinoides dejaban a muchos pacientes aturdidos, como si caminaran entre algodones. Y la pregabalina… bueno, no voy a decir que no funciona, pero he visto demasiados pacientes que suben la dosis y terminan con mareos que les impiden trabajar.