Miren, les voy a ser honesto. Cuando empecé en esto de la lipidología hace veinticinco años, tenía un paciente que me rompió el esquema. Don Rogelio, 62 años, carpintero de oficio, infarto al mes de jubilarse. LDL por las nubes, 198 mg/dL, y no toleraba ni la estatina más baja. Atorvastatina 10 mg le daba mialgias insoportables. Rosuvastatina igual. Probamos con pravastatina, con fluvastatina, con todo. Nada funcionaba. Me senté con él en la consulta y le dije: “Don Rogelio, tenemos que pensar fuera de la caja”.