Mira, déjame ser honesto desde el principio. Cuando empecé a recibir consultas sobre estos condones en mi práctica, pensé que era solo otra moda del mercado. Un paciente, Rodrigo, de 34 años, llegó diciendo: “Doctor, mi pareja ya no quiere intentarlo más. Termino en menos de dos minutos y ella se frustra.” Había probado técnicas de respiración, ejercicios de Kegel, incluso un psicólogo sexual. Nada funcionaba consistentemente. Fue entonces cuando empecé a investigar seriamente estos dispositivos.