Mire, déjeme contarle algo que aprendí en mis primeros años de práctica. Tenía una paciente, María, de 42 años, con psoriasis en placas que llevaba meses sin poder dormir. Había probado tres corticoides diferentes, todos de baja o mediana potencia. Nada funcionaba. Su piel estaba tan inflamada que parecía cuero de cocodrilo. Cuando finalmente le receté Temovate, recuerdo que ella me miró con escepticismo. “Otro ungüento más”, dijo. A los cinco días, volvió a mi consulta llorando, pero de alivio.