Miren, les voy a ser honesto: cuando empecé mi residencia en reumatología hace ya casi veinte años, el Voveran era casi una muleta para nosotros. Lo recetábamos para todo: lumbalgias, artritis, hasta para el dolor de muelas de los fines de semana. Y aunque hoy tenemos una farmacopea mucho más sofisticada con biológicos y todo eso, este viejo conocido—el diclofenaco sódico—sigue teniendo un lugar en mi consultorio. No es perfecto, claro que no.